Crónicas de shows
The South en el día del amigo
CRONOCRÍTICA - Grand Father, Buenos Aries - 19 de
Julio de 2003 -
por LaLi*
(ver también crónica de Waylon)
Habiendo programado la salida con tan sólo horas de anticipación,
el momento finalmente llegó. Eran las 21.00 hs y teníamos
que dirigirnos al restaurante. Ninguno de nosotros estaba encantado con
la velada ya que las cenas familiares no siempre complacen las expectativas;
pero, de todos modos, a desafiar el destino íbamos.
Si bien el escenario estaba vacío, se podían escuchar las
latentes melodías que ansiosas anhelaban ser concretizadas. Todos
esperábamos el gran desfile de botas, sombreros, cintos, camisas
y demás accesorios que hacen a la esencia de esta inigualable música,
mientras tratábamos de hundir los pensamientos en superfluas conversaciones.
Finalmente irrumpieron Lesley (esta vez con gorrita y barba), Henry y Gaby
(con sus típicas ropas), Vicky, Leo, Ale y Santi. Sin ninguna dificultad,
los equipos e instrumentos ocuparon sus habituales posiciones. Todo se
perfilaba para deleitar a los oídos del público.
Por otro lado, el confort, la atmósfera semejante a los steak houses
americanos y la amabilidad del lugar pronunciaron una diversión
recientemente descubierta.
Y así sucedió: la primer entrada tomo lugar y las guitarras,
violín, el ritmo y bajo fusionaron sus sonidos creando lo que muy
a grandes rasgos (visto que la presencia de las Fords era indispensable)
hubiese podido ser "The perfect night of Honky Tonk". La cowgirl
abrió el show interpretando con su hermosa voz un tema que Grandfahter
jamás había escuchado. Poco después un feliz cumpleaños
a lo country alentó una oleada de sonrisas entre las que resaltaba
la de mi papá quien felizmente cumplía 54 años. Arribó
entonces, el ritual de la torta y las poses para las múltiples fotos.
Sin darnos cuenta, un día nuevo había comenzado. Era ya el
DIA DEL AMIGO.
Mis amigas recién llegadas, se ubicaron en la gran mesa y la familia
se retiró. Brindamos con champagne y entre canción y canción
el éxtasis logró liberarse canalizándose en infinitas
carcajadas que interrumpieron el inexistente silencio. Fue mágico.
Los chicos incendiaron las canciones nuevamente: Blue moon of Kentucky,
Lonely Cowboy, Your Cheatin´ Heart y el folclore irlandés
espectacularmente representado por Ale, formaron parte del amplio repertorio.
Y todo concluyo con un "otra, otra, otra" al compás del
seguidor de la Rockabilly quien entre chistes marcaba en su "batería"
el ritmo de los aplausos.
Acto seguido, Las Cañitas, hasta ahora teñido de Country,
sosegó sus instintos y se vio sumergido en la música de la
nueva juventud. El eterno sueño ubicado en aquellos años
sesentas se fue desvaneciendo permitiendo solamente ser contemplado en
los recuerdos que, consistentes, quedarán por siempre en nuestras
memorias.
Me despido por hoy, y citando a Waylon, quien gentilmente lo permitió
después de un interesante juego de palabras, los saludo: "Hasta
la vista mis vaqueros".
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